PROYECTO «ALAS»

PROYECTO «ALAS»

Se trata de una instalación pensada para interactuar principalmente con la comunidad cubana que vino a Uruguay, y que encontró su lugar en Rincón de Pando, Canelones.

Es una investigación que no se orienta a lo político, se orienta a lo humano.

Tomé contacto con esta comunidad, desde la llegada de sus primeros inmigrantes. Son personas que se hicieron responsables de sus propios destinos y que dejaron su país de origen por perseguir un sueño de una mejor vida.

Tienen desarrollado un profundo sentido de comunidad, comparten tanto sus alegrías, como también sus tristezas y angustias, propias del distanciamiento de sus orígenes, y de momentos difíciles que les plantea la vida de inmigrantes.

El proyecto «alas» es para darles un mimo, para alentarlos en su búsqueda a trascender la propia condición, aunque a veces se les haga difícil y crean que ya no es posible.

Es para decirles: “sos libre para soñar, vale la pena que lo intentes, no pierdas la fe”.

Mi interés artístico es compartir esta mirada como un regalo, para comunicar y sensibilizar, acerca del valor que tienen las personas por sí mismas, independientemente de sus circunstancias.

José  (27 años).

Llegó hace 2 años, después de un largo viaje de 8 días atravesando la selva a pie y en jeep, sin nada más que lo puesto y con el dinero necesario para un salvoconducto.

En Cuba quedaron sus padres, su hermano, y su hija.

Su mujer, Magdalena, llegó a los 6 meses de su arribo.


Para el las Alas son la esperanza de cumplir su sueño de establecerse en el campo como uruguayo, ser libre para viajar y conocer el mundo, ir a Cuba regularmente para reunirse con sus afectos, y traer de visita a su Papá.

Magdalena (27).

Ella estaba casada, al igual que José, cuando lo conoció en un curso de electricidad en Cuba. Fue amor a primera vista. Ella lo reconoció como el amor de su vida, y para demostrárselo se tatuó “José “ en una pierna.

Luego de casarse José vino a Uruguay buscando prosperidad, y ahorró cada peso que ganó durante 6 meses para poder pagarle el pasaje.

Ahora Magdalena trabaja como limpiadora en un hogar de ancianos, y ambos tramitan la residencia.

Las alas para ella significan poder seguir soñando y seguir cumpliendo sus sueños de tener su propio lugar en el mundo.

 

Rainier (33 años).

Llegó hace 2 años. Su idea inicial era ir a Estados Unidos, pero cuando estaba en condiciones de hacerlo,  se derogó la Ley de ajuste cubano lo que frustró su intento.

De todos modos estaba decidido junto  con su esposa Yamilé, a emigrar para prosperar económicamente. Su hermano menor que ya estaba en Uruguay, le consiguió un trabajo como casero en una chacra para cuando él llegara.

Es médico traumatólogo. En Cuba trabajó en el Hospital durante 12 años, 12 horas por día, y logró juntar lo suficiente para comprarse una bicicleta. El tiene una hija de su primer matrimonio, y otra con Yamilé.

Intentó revalidar sus estudios, pero le resultó imposible que le enviaran la información desde Cuba.
En Uruguay trabajó 2 meses y logró su sueño de comprarse una moto. A los 3 meses llegó su esposa, y el ya estaba cómodamente instalado.

Las alas para él son la posibilidad de criar a sus hijas brindandoles bienestar económico, viajar y llegar a residir en Estados Unidos.

Yamilé (24 años).

Llegó hace 1 año y medio, a los 3 meses de la llegada de su marido.

Para llegar viajo sola 8 días en condiciones precarias, atravesando la selva.

En Cuba dejó a su hija de 4 años con su mamá, y desde entonces conversa con ella por internet.

Antes de venir, estudiaba enfermería en la facultad, hasta que con su marido, médico traumatologo, decidieron emigrar para escapar de la pobreza y la falta de perspectiva futura.

Estuvo buscando trabajo por 3 meses, actualmente tiene un empleo estable en una avícola, y ya avanzó con sus trámites de residencia.

Ella y Reinier ya lograron juntar el dinero para ir de visita a Cuba, estar un tiempo con su hija y su familia.

Las Alas son para ella, la esperanza de llegar a residir en EUA.

Marcos (46 años).

Vino por primera vez hace 1 año y medio, buscando un bienestar económico; pero sufrió el desarraigo, y a los 4 meses se volvió a Cuba para juntarse con su mujer y sus 3 nietas que tanto extrañaba.

Su trabajo, elaborando pan, no fue suficiente para sacarlo de las penurias económicas, y después  de 7 meses decidió hacer un segundo intento en Uruguay.

Para el, las Alas son el sueño de encontrar un trabajo estable, enviar dinero a su familia en Cuba todos los meses, y traer consigo a su mujer.

Maikel (39 años).

En Cuba se recibió de economista y ejerció su profesión por 15 años. Se casó con Dainé y juntos hicieron una familia. Tienen un varón de 8 y una niña de 3. 

Para él y su mujer la decisión de emigrar fue forzada. Por más que ellos hubieran elegido quedarse para mantenerse cerca de sus afectos, no estaban dispuestos a criar a sus hijos sin perspectivas de progreso.

Llegaron hace 1 año y medio. Volaron hasta Brasil, y cuando llegaron a la frontera con Uruguay pidieron asilo. A su llegada, hizo changas para subsistir durante 4 meses, hasta que logró quedar empleado en una polleria.

Para el, las alas significan la posibilidad de elevarse a una mejor calidad de vida.

Dainé (36 años).

Se recibió en Cuba de economista y trabajó como tal por 4 años.
Pese al arraigo a su tierra, se prometió darles a sus hijos la posibilidad de prosperar económicamente y por eso, junto con su marido, decidieron emigrar.

Cuando llegó a Uruguay intentó revalidar sus estudios, invirtió el tiempo y dinero que no tenía para esta diligencia, pero el resultado fue que necesitaba completar en Uruguay otros 2 años más de estudios.

Sin tiempo para efectuarlo, y con la necesidad de ayudar a sostener a su familia, se puso a trabajar como peluquera en su casa.

Hoy a pesar de la nostalgia que siente por su país, está contenta porque siente que lo que decidió junto con su marido es lo correcto.

Ella siente que las alas son la manera de brindarles a sus hijos el mejor futuro posible.

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